PODER HABLAR

Poder Hablar, dos palabras que implican acción y energía. Dos palabras que sin duda nos determinan diariamente con nosotros mismos y con el mundo, al menos eso creo.

Tendría que preguntar a quienes me vieron crecer cómo me recuerdan de niño para tener una imagen más amplia de mí mismo y así poder descifrar y explicar lo que algunas veces no recuerdo. Por ejemplo, no tengo ninguna imagen o recuerdo de mi vida antes de Xela, hasta los 3 ó 4 años no existo en mi memoria.  Al preguntarle a mis hermanos descubro detalles y hechos importantes que dan sentido a cómo soy ahora.

Hace unos días les contaba la historia a unos amigos de cómo fue para mí ser tartamudo durante una época muy importante de mi vida, mi niñez y adolescencia. No era la primera vez que contaba esa parte de mí, pero también apenas empezaba a recordarla, pues la olvidé durante varios años, hasta que un día intentaba responder algunas preguntas. Lo cierto es que en las escasas veces que he contado esto, me sugieren que debería contar la historia a más personas, quizá especialmente a quienes experimentan ese problema.

Cuando me pongo a pensar sobre eso, me doy cuenta que realmente he logrado algo importante para mí, pues de esa manera he llegado hasta aquí, mas en principio lo sentía tan normal como algo que le pasa a cualquier persona.
Al narrar la historia me doy cuenta del valor de esa experiencia y me convenzo a mí mismo de la importancia que tiene el compartirla con otros. Así que eso haré y allá cada quien lo que quiera tomar. Estoy seguro que todos tenemos una historia y nuestras propias luchas y esta lucha ha sido la mía. Escribirla ahora me resulta un paso importante en este camino, pues al inicio no era algo que me generaba satisfacción u orgullo, al contrario, me avergonzaba y me generaba malos recuerdos.

El Silencio es ese lienzo transparente sobre el cual descansa el sonido de la música, la voz y el ruido.

Para exponer mejor la situación, separé el fenómeno en tres partes: El problema, las respuestas y el poder.

 

El problema

En realidad no recuerdo la edad en que empecé a padecerlo, solo sé que no extraño la variedad de apodos que tenía a causa de tartamudear, la frustración de no poder hablar bien y no poder decir lo que quería o sentía. En la escuela o en el vecindario me llamaban Campana, Metralleta, Tontón y así. Me hice un niño tímido y alejado, prefería el anonimato o la soledad. A veces todavía siento la frustración de cuando quería responder a cosas importantes y simplemente la voz y las palabras no salían. Tengo aún presente momentos claves con nombres y rostros que me marcaron.

No sabría decir el nivel de tartamudez que padecía, pero calculo que de cada diez veces que hablaba unas seis o siete veces fallaba. Parecía que la garganta no quería soltar los sonidos o si era la lengua que se trababa; cuando hablaba el sonido salía por suaves ráfagas de aire interrumpidas por una especie de hipo de la voz.

Uno de los momentos más críticos fue cuando tenía unos diez años y creo que fue porque iniciaba mi adolescencia y con ello mi rebeldía. Uno quiere hablar cuando es rebelde, quejarse, preguntar, etc. Uno no se conforma y era verdaderamente frustrante tener que optar por callar. No sé qué era peor, si eso o esconderme de las niñas o en otros casos no poder responder en discusiones para defender mi opinión o ni siquiera emitir un pensamiento. A esa edad uno empieza a tener interés y curiosidad por otras cosas, las cosas de los grandes, uno desea cierta libertad que yo sentía que no tenía.
Antes de los diez años, según recuerdo, cuando nadie me miraba me golpeaba la cabeza contra la pared por pura frustración mientras lloraba en silencio; me preguntaba por qué no era un niño normal, ¿por qué yo, por qué yo?
En la escuela solía ser el ‘tonto de la clase’, aunque muy dentro de mí sabía que no lo era; pero a veces no podía evitar caer en la trampa de la provocación y terminaba cayendo en ridículo. Así acumulé mucho odio hacia ciertos compañeros y maestros, ideas de venganza y hasta atentados violentos, aunque en general me contenía.

Mi hermana Cecilia tiene una idea interesante, dice: “Tú querías hablar y tenías muchas ideas y lo querías decir todo junto, o sea que se te topaban todas las palabras juntas al mismo tiempo.”
Agrega “Tu tartamudez  no era tan recia como la recuerdas, creo que recuerdas más los insultos de niños crueles que no entendieron nunca tu eventual problema.
Yo estaba muy ocupada pensando en un  gran problema que me aquejaba […] mis piernas ¡Qué batalla!  Eso hiso que no viera tu dificultad al hablar.”

ninin

 

Las respuestas

Un día, no sé cómo, me di cuenta que algunos sonidos me producían estrés, sentía que el corazón se me aceleraba al intentar pronunciar una palabra o frase, se me calentaba la cabeza y sudaba.
Los sonidos que me complicaban la existencia eran esos que iniciaban con una descarga fuerte de aire, por ejemplo los que empiezan con las letras K, P, T, Q, R, G; mientras que aquellas palabras que iniciaban con sonidos más suaves como con S, L, M, N, V, Z eran mucho más fáciles de emitir. Una vez que lograba articular una pequeña frase era un poco más fácil continuar con otras. La primera siempre era la más complicada.
Empecé a enfocarme en esos sonidos para cuando quería iniciar a decir algo; me tomaba mucho tiempo encontrar la palabra con un sonido suave que conectara otras palabras y que además tuvieran sentido. Lo más importante para mí era que sentía que había encontrado una clave para alivianar el problema. Al principio era difícil por el tiempo que me tomaba, pero más que querer hablar, recuerdo hacer el ejercicio internamente por la pura exploración y experimentación de mi nuevo descubrimiento. Me di cuenta que mi técnica funcionaba, pero se me complicaba tener conversaciones largas, recuerdo sentirme agitado constantemente.

Así fue como identifiqué que me estresaba porque no respiraba bien entre las palabras y las oraciones. Mi enfoque estaba solo al inicio de la primera palabra, pero me costaba hacer pausas ya que luego tenía que pensar en otra palabra que me permitiera continuar y así sucesivamente. Empecé a intentar dominar la respiración, lo cual no era muy fácil porque cuando uno está en conversaciones en tiempo real, no hay tiempo para pensar demasiado en la respiración y en los sonidos apropiados, pero eso me dio un gran empujón para empezar.
Entonces ya en mi adolescencia me descubrí mejor oyente y observador que el típico chico extrovertido. De algún modo me convertí en una persona silenciosa, tímida e introvertida. Solo Dios sabe que dentro de mí los sonidos de las letras explotaban como luces de navidad y que mi mente se fugaba en ilusiones heroicas propias de un niño de unos trece años o más que salvaba a sus amigos y al mundo de catástrofes naturales o de guerras.

 

El poder

Con el tiempo dominé ese estrés por medio de la respiración, cosa que tomó años; lo más importante para mí era que podía empezar a sentirme incluido, perder el miedo de hablar en grupo y, más que nada, sentirme más ligero.
Fueron varias cosas las que aprendí en esos años de lucha interna, por ejemplo a aprendí a escuchar, a observar,  a respirar y a pensar antes mis palabras; pero hay dos más importantes que siento que me influyeron más que cualquier otra cosa: encontrar el silencio y el poder de la palabra hablada.

Para mí el silencio era y todavía lo es, una especie de refugio, un lugar seguro y una fuente de poder. Antes de apreciar la música –que tanto me gusta!, empecé a apreciar el silencio, antes de buscar compañía, prefería el silencio. Yo creo que el Silencio es ese lienzo transparente sobre el cual descansa el sonido de la música, la voz y el ruido. Descubrí que hay varios tipos de silencio, los cómodos y los incómodos, los constructivos y los destructivos. Apreciando al silencio descubrí el ruido y la estática, como un hormigueo de ruido, el conjunto de mis pensamientos aglutinados, mi voz interna, mis deseos. El ruido, todo lo que está afuera, especialmente las otras voces; y el más clave, el interno.

Así me encontré con el verdadero poder de la palabra y la voz, que con los años he explorado sus matices a través del teatro. Sé con toda seguridad que hablar no es cualquier cosa, es un increíble poder que los humanos tenemos y que a menudo no lo aprovechamos. Cuando uno habla consciente o inconscientemente deja ir una cantidad importante de energía; algunos tienen más de esa energía que otros y por eso pueden hablar tanto que no se cansan, pareciera que les es imposible cerrar la boca, las palabras les salen como mariposas revoloteando sin control alguno. Pero esa energía supone una carga para el que escucha, ya sea que el oyente esté consciente de ese hecho o no, la palabra lleva consigo un peso energético que causa algo en quien escucha.
Quizá por eso me resulta difícil estar cerca de las personas que hablan demasiado.

Cuando empecé a hacer teatro era justo ese adolescente tartamudo que apenas empezaba a tener conciencia de su problema, por eso los roles que tuve nunca fueron de hablar mucho, de hecho me aterraban los textos; a menudo prefería roles de personajes que no tuvieran que hablar. Fue en esa época que descubrí lo que me gustaba del teatro, que era precisamente el poder que uno tiene en el escenario de ser escuchado, de ser tomado en serio y más aún, de poder dar algo.
Más adelante cuando crecí y el problema de hablar mejoró empecé a tener roles un poco más protagónicos que me ayudaron a fijar cierta seguridad en mí, más que nada eliminé casi por completo mi miedo de hablar y empecé a descubrir otra persona en mí.

En el año 2017 me invitaron a dar una plática sobre mi trabajo con el teatro en el evento TEDx en Xela, y para mí eso implicaba vencer un viejo miedo que era el de hablar en público, pues no es lo mismo hablar en un grupo que hablar a un público. Para mí ese evento significaba cerrar un capítulo en mi vida. Personas cercanas me comentaban o asumían lo fácil que debiera ser para mí poder pararme frente al público y hablar, no se imaginaban que para mí era un reto extraordinario, pues no es lo mismo hablar dentro una obra que dar un discurso. Ese TEDx Xela supuso un verdadero reto y la victoria final sobre mi tartamudez.

A veces, cuando estoy en grupo y me preguntan por estoy muy callado, solo sonrío.

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Un comentario sobre “PODER HABLAR

  1. ES INCREÍBLE LA GRANDEZA DE HOMBRE QUE ERES. VIVIMOS Y SUPERAMOS MUCHAS DIFICULTADES . YO TE ADMIRO Y TE RESPETO MUCHO. X SI NO TE DISTE CUENTA, SIEMPRE FUISTE MUY ENVIDIADO X MUCHOS QUÉ ESTABAN EN TU ENTORNO. HASTA TE PUSIERON UN APODO TAN BELLO. SEGUN ELLOS ERA UN GRAN INSULTO. TE APODARON EL PADRINO. TE LUCIA Y TE SIGUE LUCIENDO ESE SUPUESTO APODO. EN REALIDAD FUE UN BUEN PRESAGIÓ XQ TU VIDA ES BELLA ERES LIBRE CÓMO NADIE. HAS VIAJADO X MUCHOS LUGARES A DONDE MUCHOS JAMÁS IREMOS. TU HUMILDAD ESTÁ INTACTA TUS BUENOS VALORES CÓMO PERSONA CADA DÍA SON MÁS. ERES UN HOMBRE INTERESANTE Y SOBRE TODO MUY CARIÑOSO Y CULTO. LOS PROBLEMAS QUE EXISTIERON A NIVEL PERSONAL EN AQUEL MOMENTO. .. ESOS FUERON LOS QUE TE HICIERON QUIEN ERES HOY. UNA PERSONA JUSTA AMANTE DE LAS BUENAS COSTUMBRES Y APRENDISTE A VIVIR DE LA MANERA MÁS SALUDABLE POSIBLE .TU MENTE Y CUERPO LO DICEN. ENTERNECES MI CORAZÓN XQ SIEMPRE QUIERES AYUDAR A TODOS. ANTES SE TE TOPABAN TODAS LAS PALABRAS JUNTAS AL MISMO TIEMPO. WAJAJA AHORA SON TUS ACCIONES LAS QUE SE JUNTAN TODAS Y LAS QUIERES LLEVAR A CABO AL MISMO TIEMPO EN PRO DE LAS PERSONAS QUE NECESITEN DE TU AYUDA EN GENERAL. EN FIN. TU SI ENTENDISTE LA VIDA. YO VOY DETRÁS DE TI. SIEMPRE ADMIRO LO QUE HACES Y QUISIERA SER UN POCO MÁS CÓMO TÚ. TE QUIERO MUCHO BUEN HOMBRE, BUEN HERMANO ,BUEN AMIGO…

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