Papá fallece

Ayer, 8 de mayo del 2017, falleció papá y hoy no estoy en su funeral; la verdad no sé cómo sentirme con tantos pensamientos en la cabeza, siento que voy a explotar. No siento tristeza, ni pérdida, ni culpa. Solo sé que desde hoy -y ahora si-  estoy solo, si es que alguna vez no lo estuve.
Sé que se pierde un vínculo importante en mi vida, un vínculo único, irreparable. No todos los días se muere el papá de uno.

No puedo evitar ahora sentirme distinto, entre ayer y hoy algo importante ha cambiado dentro de mí, y no sé si es la idea sola que me hace sentir diferente o por el hecho de que en el plano físico algo ha cambiado definitivamente.

Mi papá era un hombre bueno y fuerte, nunca le querría hacer daño a nadie; pienso que hizo lo mejor que pudo para salvarnos de una situación dramática y estoy convencido que lo hizo por el bien de nosotros sus hijos. Ese acto de fe se lo agradezco con todo mi corazón.

Don Daniel era un agricultor bonachón que se hacía querer en su comunidad, bien comprometido con su fe, fiel a su capilla allá en Lantiquín, aldea de Camotán, Chiquimula.  Tuvo unos diez hijos e hijas con dos mujeres, la primera era mi mamá, Francisca, con quien tuvo seis; después doña Victoria.

Por lo que llegué a saber en algún momento de mi adolescencia, es que unos meses después de nacer mi hermana –la última de los seis- fallece mi mamá, dándose la primera y principal ruptura familiar, lo que provocó la separación definitiva con nuestro papá, nuestro hogar y nuestra tierra original.

Hoy a don Daniel quizá lo estén enterrando justo en el momento en que se escriben estas palabras. Ahora descansa en paz, ha parado de sufrir en un súbito y doloroso suspiro, ha dejado de luchar.

Hay muchísimo que decir sobre él, sobre nuestra historia y la familia. Yo le agradezco la oportunidad histórica que nos dio de continuar nuestras vidas de otra manera, una que él jamás se habría imaginado, debido a eso soy la persona que soy y estoy en el lugar correcto, con la gente correcta. Esto es lo que hay, al final cada quien hace su propia historia, a eso venimos, él hizo la suya y esta es la mía.

Me siento abrumado por las sensaciones y sentimientos que experimento, por la cantidad de pensamientos que atraviesan mi ser. Estoy en un momento de mucho movimiento, continuos cambios y transiciones. Intento ser honesto conmigo mismo y con los que están alrededor mío.
Sé que algo dentro de mí cambió para siempre, mas no sé qué es. Me siento ligeramente en conflicto por no estar allá con mis hermanos en este momento, aunque yo sé que ellos lo entenderán.
Estoy en paz, tranquilo conmigo mismo, pues en esto no hay culpa ni gloria, solo el andar y el transcurrir del tiempo, la vida sigue.

Jorge Diaz MX 20170505_092129
Daniel Díaz, QEPD
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